¿Qué pasa si mi sueño cambia?
Cuando somos niños, hay una pregunta muy constante en nuestra vida: ¿qué quieres ser de grande?
Y casi siempre contestamos cosas cercanas a nosotros. Doctores, bailarines, actrices, astronautas, cantantes… cualquier cosa que esté dentro de nuestro círculo, que hayamos visto, que nos llame la atención o que en ese momento tenga sentido para nosotros.
Porque cuando somos pequeños, nuestros sueños están construidos con lo que conocemos.
Pero ¿qué pasa cuando crecemos y probamos ser esas cosas? ¿Qué pasa cuando descubrimos que aquello que tanto queríamos no era realmente para nosotros? ¿O cuando nos damos cuenta de que sí nos gusta, pero no de la manera en la que imaginábamos?
Creo que pocas veces hablamos de lo extraño que puede sentirse cambiar de sueño.
Porque cuando somos niños pensamos que algún día vamos a encontrar eso que queremos hacer y que, una vez que lo encontremos, simplemente tendremos que ir por ello. Como si nuestros sueños fueran destinos y nosotros solamente tuviéramos que descubrir cuál era el nuestro.
Pero la realidad es que muchas veces no funciona así.
A veces llegamos a un lugar que durante años pensamos que era nuestro sueño y nos damos cuenta de que ya no queremos estar ahí. A veces conseguimos aquello por lo que trabajamos muchísimo y, aun así, sentimos que algo nos falta. Y otras veces simplemente conocemos nuevas cosas, nuevas personas y nuevas versiones de nosotros mismos que hacen que queramos algo completamente diferente.
Y creo que está bien.
Porque cambiar de sueño no significa que hayas fracasado con el anterior. Significa que tú también cambiaste.

La persona que soñaba con algo a los diez años no tenía la misma historia, experiencias, miedos ni deseos que tienes hoy. Y probablemente la persona que eres hoy tampoco será exactamente la misma dentro de diez años.
Entonces, ¿por qué esperamos que nuestros sueños sí permanezcan iguales?
Quizá crecer también significa permitirnos cambiar de dirección. Dejar de perseguir algo solamente porque alguna vez dijimos que lo queríamos y empezar a preguntarnos qué queremos ahora.
Y puede dar miedo.
Porque cambiar de camino implica aceptar que no sabemos exactamente hacia dónde vamos. Implica dejar atrás una idea que alguna vez nos hizo muchísima ilusión y comenzar a construir otra desde cero.
Pero también hay algo muy bonito en eso.
Porque hay sueños que no descubrimos de niños. Hay sueños que aparecen cuando nos conocemos mejor, cuando nos atrevemos a probar cosas nuevas, cuando nos equivocamos, cuando algo no sale como esperábamos y cuando, en medio de todo eso, encontramos una parte de nosotros que no conocíamos.

Tal vez crecer no se trata de cumplir exactamente el sueño que teníamos de pequeños.
Tal vez se trata de tener el valor suficiente para reconocer cuando ese sueño ya no nos pertenece y permitirnos construir uno nuevo.