Las cosas que me han salvado últimamente
Últimamente he pensado mucho en todas esas pequeñas cosas que, sin darme cuenta, me han ayudado a estar mejor.
No necesariamente hablo de grandes cambios, decisiones que te cambian la vida o momentos en los que de repente todo hace click. A veces creo que las cosas que más nos salvan son mucho más sencillas: una canción, una caminata, hablar con alguien, dormir un poco más, volver a hacer algo que disfrutabas o simplemente tener un día en el que no pasó nada extraordinario, pero te sentiste tranquila.
Y creo que últimamente he aprendido a valorar mucho más esas cosas.
Hay etapas en las que sentimos que necesitamos resolver nuestra vida completa para poder sentirnos bien. Como si necesitáramos tener claro qué queremos hacer, dónde queremos estar, qué va a pasar con nuestro futuro y hasta quién queremos ser antes de permitirnos disfrutar el presente.
Pero la verdad es que últimamente han sido las cosas más pequeñas las que me han ayudado a regresar a mí.
Una de ellas es la música,
Siempre ha sido una parte muy importante de mi vida, pero últimamente siento que ha tenido un lugar todavía más especial. Escuchar una canción que me gusta mientras hago cualquier cosa, descubrir música nueva, cantar, tocar un instrumento o simplemente ponerme audífonos y desconectarme un rato.
Hay canciones que llegan justo cuando las necesitas y que, sin decirte directamente qué hacer, te hacen sentir acompañada.

También algo que me ha ayudado es estar rodeada de personas con las que siento confianza.
Esas conversaciones que empiezan hablando de cualquier tontería y terminan durando horas. Reírme hasta que me duele la cara. Contar algo que traía en la cabeza durante días y sentir que después de decirlo ya pesa un poquito menos.
A veces creemos que necesitamos que alguien nos dé la solución, cuando en realidad solamente necesitábamos sentir que no estábamos solas.
Otra cosa que me ha salvado últimamente es tener pequeños planes que no me consuman tanta energía.
Salir por un café, arreglarme aunque no tenga una ocasión especial, ir a caminar, conocer un lugar nuevo, hacer planes con mis amigas o simplemente tener algo que esperar durante la semana.
Creo que tener pequeñas cosas que esperar también es una manera de recordarte que la vida no está hecha únicamente de las cosas grandes que todavía no suceden.
Y también me ha ayudado mucho el crear rutinas.
Aunque todavía me cuesta muchísimo mantenerlas, me he dado cuenta de que cuando mis días tienen un poquito de estructura me siento diferente. Dormir mejor, mover mi cuerpo, levantarme a cierta hora, trabajar, tener tiempo para mí y hacer cosas que me gustan.
No necesito tener la rutina perfecta. De hecho, creo que estoy aprendiendo que una rutina no debería sentirse como una lista de cosas que tienes que cumplir para ser una persona productiva.
A veces una rutina simplemente puede ser una forma de cuidarte.
También me ha salvado el descansar sin culpa.
Creo que durante mucho tiempo confundí estar haciendo algo con estar avanzando. Y ahora estoy aprendiendo que descansar también es parte de la vida que quiero construir.
Un día tranquilo también cuenta.
Una tarde viendo una película, cocinar algo rico, estar acostada escuchando música, leer unas páginas de un libro o simplemente no hacer nada también son momentos de mi vida. No tienen que producir algo para tener valor.
Y quizá una de las cosas que más me ha salvado últimamente es recordarme que no tengo que tener todas las respuestas todavía.
Hay muchas cosas que todavía no sé.
No sé exactamente cómo se va a ver mi vida en unos años, qué decisiones voy a tomar, qué personas van a quedarse, cuáles van a llegar, qué sueños voy a cumplir o incluso cuáles voy a cambiar.
Y aunque antes eso me podía dar muchísima ansiedad, últimamente intento verlo de otra manera.
Quizá no saber también significa que todavía hay muchas cosas bonitas por descubrir.
Así que si últimamente has sentido que no estás avanzando lo suficiente, que deberías estar haciendo más o que tu vida no se parece a la que imaginabas, quiero recordarte algo:
tal vez no necesitas que algo enorme suceda para empezar a sentirte mejor.

Tal vez puedes empezar por las pequeñas cosas.
Por esa canción que te hace feliz.
Por la amiga a la que siempre puedes llamar.
Por volver a hacer algo que habías dejado de hacer.
Por dormir temprano.
Por salir a caminar.
Por comprar flores.
Por volver a leer.
Por hacer planes.
Por descansar.
Por reírte.
Por permitirte tener un día bonito sin sentir que tienes que justificarlo.
Porque quizá, cuando miremos hacia atrás, nos vamos a dar cuenta de que no fueron los grandes momentos los que nos salvaron.
Fueron todos esos pequeños momentos que nos recordaron que todavía había mucho por vivir.
Y creo que esas son las cosas que me han salvado últimamente. 🤍
¿Cuáles son las pequeñas cosas que te han salvado a ti últimamente? Me encantaría leerlas en los comentarios y, de paso, descubrir nuevas formas de hacer nuestros días un poquito más bonitos.
Nos estamos leyendo. 😊